Cuando me preguntan por mis personajes de cómic favoritos de la infancia no soy de los que dicen sin rechistar Tintín, Astérix, Mortadelo y Filemón, Superman, Batman o Los Pitufos, aunque devoraba las peripecias sobre papel de todos ellos más que encantado. Aportaron su granito de arena a mi desarrollo como lector (y persona), pero si hay que destacar por encima de todos un nombre esencial, siempre digo, y diré, ¡Superlópez! No hay otro monigote entrañable que pueda hacerle sombra. Mi nerviosismo ante cada lanzamiento de sus primeras entregas, al menos hasta “La semana más larga”, obra magna, es una de esas sensaciones de chaval que es complicado revivir años después. Por no decir imposible.

JUAN LOPEZ FERNADNEZ " JAN ", DIBUJANTE LEONES

Recordando el impacto de la historieta en mi niñez, puedo hablar también de revistas de referencia, del “Zipi y Zape”, “Spirou” o “Fuera Borda”, absolutamente indispensables en mis primeros años como lector de tebeos, pero el icono mayúsculo, el héroe indómito –y dicharachero- de mis primeras viñetas, fue un tipo narigón con bigote de oficinista incapaz de manejar sus poderes con la lógica de un superhumano al uso. “Superlópez”, parodia confesa del Hombre de Acero, y de tantas otras cosas, hábil muestra de cómo jugar con los códigos de un género para crear una obra personal e intransferible, formó parte de mi infancia tanto como mi odio al fútbol y amor por los Peta Zetas. Detrás de sus primeras tribulaciones despendoladas había dos hombres, Efepé y JAN. Este último, junto a Moebius, Crumb y Franquim, conforma el póker de únicos mitos que venero en el mundo del cómic. No soy de idolatrar a nadie, no va conmigo –“kill your idols”, que se dice- pero el dibujante de esta obra magna puedo considerarlo, sin equivocarme, como uno de mis maestros. Aprendí a dibujar copiándole, luego perdí el norte. Amo los tebeos por su culpa, por su grandísima culpa.

superlopez

He citado antes algunas publicaciones significativas en mi existencia como tierno devoraletras, pero a ellas añado la más grande: “Pulgarcito”. Ese Pulgarcito puesto al día de la mano de JAN, hipnótico, divertido e impredecible. Aquello era una bomba de fantasía entre las manos. Todavía conservo, como oro en paño, todos sus números. Huelen a merienda. A diversión. Ya crecido, descubrí que mi artista del lápiz más querido también se curraba historietas para un público adulto, flipé con “Jauja” y “A tope”. “Lascivia” me la sigue poniendo dura. Gracias, maestro, por regalarme tanta vida con tus trazos. Sirvan estas líneas como particular homenaje a alguien que conocí en persona, tímidamente, en un Salón del Cómic de la Coruña hace tiempo, bastante tiempo… Desde entonces no siento tamaño escalofrío por dentro, una sensación tan parecida a la que agitó mi alma cuando tuve a este hombre tan cerca. Le dicen emoción. ¡EMOCION!

(rescato este texto publicado originalmente en Ruta 42 con motivo de la visita de JAN al Salón del Cómic de Getxo en unos días)

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