“Esto no es deporte, es política” es, sin lugar a dudas, la frase más destacable del guión de “Pompeya”, última mega-producción que pretende aunar romance, aventura y catástrofe para el deleite del gran público. El diálogo nace de la boca de Kiefer Sutherland, el villano de la función, mientras está observando una pelea a muerte entre gladiadores desde el palco principal en un circo romano. Como senador es quien decide quién vive y quién no. Corrupto, vicioso y déspota, cuando comenta la jugada define un momento de la historia de la humanidad extrapolable a nuestros días, cuando el fútbol copa los medios y los políticos no se cortan un pelo a la hora de liarla. Una pena que únicamente este momento reseñable de la última propuesta de Paul W.S. Anderson –no confundir por el apellido con el esteta Wes, son antagonistas y para nada familiares- aporte algo de fondo a un espectáculo puramente comercial que retrata una de las tragedias más escalofriantes de la Antigüedad clásica aprovechando el tirón de series televisivas y producciones de época que llaman la atención del espectador de hoy.

Pompeya

“Pompeya”, ambientada en el año 79 d. C., está protagonizada por Kit Harington, el guaperas John Snow de “Juego de tronos”. Le acompañan en le reparto Carrie-Anne Moss, la Trinity de la saga “Matrix”, y Emily Browning, la niña crecida de “Sucker Punch”, entre otros nombres propios contratados para dar enjundia a un show carente de originalidad, quizás el secreto de su posible llamada a la audiencia. La serie “Spartacus” y un filme sonado como “Gladiator” planean sobre una película inofensiva, de esas que optan por entretener sin contar algo más. Ya sabemos que gran parte del público prefiere no saber y distraerse, una opción completamente válida en el negocio del entretenimiento, aunque a veces la evasión y reflexión puedan ir de la mano. No es el caso de un proyecto cuyo atractivo reside en el despertar de un volcán que arrasa una ciudad perdida, la excusa perfecta para encender los fuegos artificiales y propiciar un catálogo de efectos visuales apocalípticos dignos de aplauso que ocupan la última media hora del metraje.

POMPEYA2

Harrington encarna a un aguerrido esclavo convertido en luchador en la arena que busca vengarse de los pérfidos romanos que asesinaron a su familia cuando era pequeño. La bella hija de un mercader se cruza en su camino mientras el Monte Vesubio entra en erupción. Amor y fuerza bruta frente a todo atisbo de inteligencia, como mandan los valores actuales, es el atractivo -para el que lo quiera comprar- de una cinta convencional que no pasará a la historia del cine, a diferencia de anteriores versiones en pantalla grande de la histórica tragedia. “Pompeya”, carente de épica, enfatiza el absurdo del uso del 3D en las salas, no aportando apenas nada salvo el incremento del precio de las entradas al pasar por taquilla. Encontrará su público, no obstante, entre los que gusten de aplaudir la destrucción propia del cine catastrofista de última generación. Los fans del romanticismo de manual también tienen aquí cómo pasar el rato sin quebraderos de cabeza. Además, Harrington luce tableta de chocolate. “He hecho muchas películas de época y la verdad es que disfruto mucho con ellas”, señala el actor televisivo.“Al criarme en Gran Bretaña, la historia de Pompeya y la erupción del Vesubio despertaba un gran interés en mí. Me resultaban especialmente fascinantes los moldes de escayola de la gente que había quedado atrapada por la erupción. Me encantaba la idea de tomar ese horrible acontecimiento, añadirle un montón de personajes interesantes y crear algo ameno de ver”.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=-b1q8JTp5FQ[/youtube]

Su rol en “Pompeya” es el papel más exigente desde un punto de vista físico que ha abordado nunca el actor de “Juego de tronos”. “Estaba en el set todos los días y, cuando no estaba rodando algo, estaba ensayando alguna escena de acción”, recuerda. “Fue duro. Anderson exige mucho de sus actores, pero eso es algo que me gusta en un director”. “Kit tiene sin duda el aspecto propio de una estrella de cine, pero no era el gladiador que necesitábamos en ese momento”, sugiere Anderson, responsable de la saga “Resident Evil”. “Se concentró mucho en conseguir el físico perfecto, que es el que puede verse en la película. Está increíble”. Dicho está todo.

(texto publicado en EL CORREO, sin cortes de edición)

Leave a comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.