El pasado año escribí este texto sobre los festivales musicales en el suplemento ZARATA de MONDOSONORO, en la sección “La nota”. Lo rescato, sin cortes, al estar de plena actualidad en época estival estos eventos multitudinarios que se han convertido en macrocitas donde, a veces, lo de menos es la música. ¿Por qué no se aprovechan más las actividades paralelas?

“¡ALGO MAS QUE MUSICA!”

No es fácil para los profanos entender por qué a muchos aficionados a la música nos gusta asistir a macrofestivales, donde muchas veces nuestros grupos favoritos tocan a horas intempestivas, o demasiado pronto, bajo la luz del sol, o muy tarde, cuando los párpados pesan si no hay sustancias de por medio. Generalmente, los artistas golpean sus instrumentos menos tiempo del deseado y la cosa no suena como debiera, a no ser que estés viendo al cabeza de cartel. Si eres joven y rockero, toca dormir, es un decir, en un camping que parece Auschwitz. Aunque las cosas hayan mejorado, ducharse sigue siendo un ejercicio impredecible. Superado el tour de force, tras sortear peculiares experiencias en el filo y sobrevivir a la odisea gastro-etílica, es inevitable preguntarse por qué no queremos hacer la mili. Al final, nos gusta la fiesta, las sensaciones, el ritual colectivo, dejarse llevar… Es lo que aporta, con sus ventajas e inconvenientes, una peculiar cita que supone ser abducido durante días por una pasión irrefrenable. Para muchos, probablemente la única.

BBK-Live-2012

Visitando hace unos días la estupenda exposición “This is not a love song” en Barcelona, una nutrida muestra que explora las relaciones entre música pop y videocreación –ojalá sea itinerante-, me acordé de la cuidada programación de actividades paralelas que lucía antaño en la parrilla del FIB, antes de sucumbir a la crisis que (casi) todo lo arrasa, sobre todo si huele a cultura. Benicassim era una fiesta, como diría aquel, pero, además de la lista de suculentos conciertos, lo interesante del conocido festival de verano –playa aparte- era su empeño en ofrecer muchas cosas más, como cine, teatro, fotografía, arte en general, talleres, encuentros… Por tomar un ejemplo, el concurso de cortometrajes, bien orquestado por Manuel Lechón, era de lo mejorcito en su campo a nivel estatal, con proyección internacional. Poco, o nada, de aquello queda, lo cual es una pena porque un acontecimiento de estas características, que goza además de apoyo institucional, no debe dejar pasar por alto el cruce de caminos entre disciplinas, entre medios de expresión, una manera de enriquecer la oferta y de tener entretenido al personal antes del comienzo de los conciertos, o en los tiempos muertos.

bbk

Aparte de justificar subvenciones, así de claro, una cuidada programación paralela en un macroevento musical debe aprovechar las posibilidades que brinda hoy en día la fertilización cruzada entre la música y otras artes. De esta manera, el espectáculo puede extenderse por la ciudad que lo acoge, incluso días antes. Se ha notado que en su última edición el Bilbao BBK Live ha querido abrir vías en este sentido, una maniobra loable para plantear un menú rico en matices. Falta explotar más algunos elementos que están ahí, infrautilizados, como las pantallas de proyecciones que forman parte de los escenarios, entre bolo y bolo, y muchas más opciones que no caben en las presentes líneas. Para entender mejor la reivindicación de estas palabras basta pasarse, alguna vez en la vida, por el SZIGET Festival de Budapest, un encuentro más que recomendable –obligatorio- para todo amante de los sonidos en vivo y en directo. Además de reunir a más de medio millón de personas cada año y ofrecer shows abarcando todo estilo imaginable, cuenta con una programación paralela fascinante. Por poner un ejemplo, puedes ver el mismo día a Mike Patton y a la Fura dels Baus al aire libre, elegir la comida exótica que te apetezca cenar –hay de todas las nacionalidades-, dejarte llevar por el ambiente de una carpa que solamente programa jazz, agitar la cabeza con Brujería, o subiéndote a una de las atracciones dignas de Port Aventura, y acabar la jornada en medio de un espectáculo grandilocuente de luz y sonido amenizado por un DJ incontestable. ¡Así sí! ¡Algo más que música!

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