Érase una vez un productor de cine que, en una de sus visitas al festival de Sitges, descubre una película curiosa, de bajo presupuesto, que puede llegar a más con un pequeño meneo. “La cueva”, ópera prima de Alfredo Montero, pasó sin pena ni gloria por el evento catalán, programada en una sección paralela, pero Juan Gordon, de Morena Films, impulsor de éxitos como “Celda 211”, propuso a sus artífices darle una vuelta al montaje y rodar metraje extra para que el filme tuviera más enjundia. Dicho y hecho, y la maniobra ha funcionado. Estamos ante una cinta hecha entre amigos que llega a las salas de cine tras un provechoso proceso de remasterización que, sin duda, ha dado sus frutos, como pudo apreciarse en la inauguración del Fant de Bilbao. La propuesta gustó al público y provocó el malestar general que pretendía en el emergente evento.

lacueva

“La cueva” está protagonizada por un grupo de colegas que se van de vacaciones a Formentera. Acampados en el bosque, disfrutan de las maravillas del lugar. Pero la curiosidad mató al gato y, tras bañarse en el mar y alguna que otra borrachera, deciden saciar su sed de aventura explorando una cueva que se encuentran por casualidad. Entrar es fácil, salir no tanto. Atrapados, sin agua ni comida, los más bajos instintos del ser humano afloran. En la línea de la aclamada “The descent”, la película de Montero logra transmitir al espectador una sensación de claustrofobia que llama al pánico. Cuenta con alguna escena sumamente angustiosa, en la que los actores se jugaron el pellejo para sacar adelante una valiente producción de terror realizada casi con lo puesto. Un buen ejemplo de que en el terreno de la creatividad muchas veces menos es más. 

(de EL CORREO, aquí sin cortes)

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