La carrera de Guy Ritchie va elevándose de nuevo tras el fiasco de “Barridos por la marea”, aquel despropósito ideado para impulsar la carrera como actriz de Madonna, su ex-mujer, la gran diva del pop. El realizador británico se contuvo demasiado tras las cámaras después de ventilarse con éxito producciones adrenalíticas que le dieron a conocer en el panorama audiovisual , entre ellas “Lock & Stock” (1998) y “Snatch, Cerdos y Diamantes” (2000), dos tormentas de imágenes influenciadas por el video-clip y las maneras de Quentin Tarantino, por entonces en auge. La saga de Sherlock Holmes, protagonizada por el inmenso Robert Downey Jr. y el no menos competitivo Jude Law, permitieron lucirse y renovarse a un cineasta que destaca habitualmente por su  desparrame visual, ahora sofisticado de la mano de “Operación U.N.C.L.E.”, una película de look vintage enfatizado hasta el paroxismo, con un ritmo endiablado y un sentido del humor tan bienvenido como necesario en el cine de acción de los últimos tiempos, carente de desvergüenza. Entrañables se muestran los personajes principales que interpretan Henry Cavill (“El hombre de acero”), Armie Hammer (“La red social”) y Alicia Vikander, sublime en la recomendable “Ex Machina”, con mención especial para la villana Elizabeth Debicki (“El gran Gatsby”). También interviene en el mimado casting un envejecido Hugh Grant, defendiendo un papel que le viene como anillo al dedo.

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“Operación U.N.C.L.E.” se basa en la serie de televisión de los años sesenta “El agente de CIPOL” y narra las tribulaciones de un grupo de agentes secretos de nacionalidades diversas que ejercen sus triquiñuelas durante la guerra fría. Cavill, el rostro del nuevo Superman, da vida a Napoleón Solo, miembro de la CIA. Inevitablemente, se ve obligado a apartar sus diferencias con Illya Kuryakin (Hammer), en las filas de la KGB, para formar equipo. La misión conjunta es acabar con una organización criminal que coquetea con la tecnología nuclear al servicio de los nazis. Peligra el planeta y el enemigo común es la excusa perfecta para que surja una alianza a la fuerza que da pie al enredo y las situaciones disparatadas en medio del fuego cruzado. Ritchie consigue una estética de época marcada, idealizada de manera superlativa, capaz de embriagar al espectador como mandan las modas imperantes. Estamos ante otra cinta de espías, con guión sencillo, que, irremediablemente, trae consigo ecos del pasado cinematográfico. Puede recordar al James Bond más canalla y gamberro, encarnado por Roger Moore, y a la impagable serie, también sesentera, “Los vengadores”, aparte del material televisivo de partida. Un cocktail de referencias agitadas con gracia que pueden tocar la fibra del público más nostálgico sin que se obvie al más actual, enganchado a la multipantalla –hay un guiño al maestro Brian de Palma-.

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La utilización de la música –atención al duelo que remite al western y al maestro Morricone- es otro de los puntazos de una obra de evasión que tropieza en alguna secuencia de acción, donde la cámara se pone nerviosa en exceso y el montaje mira para otro lado. Los gags espolvoreados en la trepidante trama engrandecen un producto de entretenimiento, consciente de su condición, que pudo verse en primicia mundial en Barcelona hace apenas dos semanas, por iniciativa de “Phenomena”, una sala abierta por el cineasta Nacho Cerdá el presente año tras una inversión millonaria que busca recuperar la magia del hecho de ir al cine como ritual y disfrutar del patio de butacas, con telón incluido, en toda su grandeza. Esta aplaudida (y nutrida) iniciativa lo consigue en su empeño, por ello cabe recalcar que merece la pena ver una película como “Operación U.N.C.L.E.” en pantalla grande, con un buen equipo de sonido arropándola, para dejarnos llevar por la gran ilusión.

(publicado en el suplemento GPS de EL CORREO)

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