-Últimamente te ha dado por llevar sombrero. ¿Cuidas tu imagen?

Me gusta que uses la idea de “llevar sombrero” como algo incompatible con la dejadez, como si eso me convalidara años de apatía estilística. Empecé a usarlo porque, debido a una película, llevo un corte de pelo que me hace parecer más calvo de lo que en realidad estoy. Pero reconozco que me está gustando.

-Interpretas al mismísimo Vázquez en la adaptación a imagen real de Anacleto. ¿Por qué es el villano?

Él mismo se retrató como el villano en varias de las aventuras. Fue mi primer contacto con el metalenguaje.

-Suena tu nombre en redes para interpretar a Superlópez. ¿No te va más el profesor Escariano Avieso?

Mucho más; o de jefe. Pero que nadie se asuste. Sólo he leído un tweet que me proponía para Superlópez y lo escribiste tú mismo.

-¿Yo? ¿Seguro? ¿Qué había bebido? Por aquí apostamos por tu encarnación de Rompetechos.

Gracias. Sería difícil estar a la altura, con perdón, de Emilio Gavira en las películas de imagen real de Mortadelo y Filemón. En cualquier caso, parece que el proyecto de Rompetechos se va a desarrollar en digital.

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-Habéis decidido acabar con Ojete Calor. Abandonáis las armas.

Se trata de una retirada a tiempo. Somos unos tipos disfrazados dando espectáculo grotesco encima de un escenario. Nos gusta dejarlo en alto y no cuando la edad nos haga alcanzar un grado de patetismo mayor al deseado. Nos convertiríamos en los Kiss del subnopop.

-La primera vez que os vi fue en fiestas de Bilbao, el la zona de txoznas, todo un tratado de principios.

Creo que ha sido la vez que hemos actuado en directo para más público. Por supuesto, ninguno sabíais quién tocaba, sólo veníais a beber con música alta de fondo.

-Existe el subnopop. ¿Y el subno-rock? ¿Y qué es el subnoreaguetón?

Claro que existe el subnorock, y con numerosos representantes, sólo que prefieren no salir del armario. Yo, por hacer un poco de outing, nombraré a Maná y a U2. En cuanto al subnorreggaetón, aquí “subno” se trata de un epíteto, un prefijo redundante e innecesario que no añade información que no vaya implícita en reggaeton.

-Genial tu papel de abertzale en “Negociador” de Borja Cobeaga. ¿Trabajaste mucho el acento?

Estuve semanas practicando. Josean Bengoetxea grabó mis diálogos para que tuviera unas guías, y Gorka Otxoa supervisó mis avances. Cuando llegué a San Sebastián tenía más acento que los propios actores vascos, y a Borja le pareció excesivo. Él quería que lo eliminara por completo, temiendo que aquello pareciera un chiste de vascos, y yo, herido en mi orgullo de actor, quería, al menos, quitarme el deje madrileño, el “ej que” aunque fuera, para no parecer el etarra de Chamberí. Acordamos un término medio.

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-¿Has pensado que igual no puedes pisar una Herriko Taberna un tiempo después del estreno?

Lo cierto es que la única crítica negativa la encontré en el Gara. Decía que mi personaje parecía venido de Marte o sacado de Ocho Apellidos Vascos, que intuyo ha sido una película con la que no han debido reírse mucho. El Hollywood Reporter, sin embargo, me comparaba con el último Gandolfini. Espero que no se refirieran al muerto. Creo que ambas exageran, cada una en una dirección. Pero si os tenéis que quedar con una, por favor, que sea esta última.

-Dibujar historietas es otra de tus facetas. ¿Te gustaría aunar más en ella?

Sí, en mis ensoñaciones sí. Pienso: “qué bonito sería tener editado un álbum terminado, con sus personajes, su hilo narrativo, su final, sus cuarenta y tantas páginas…”. Pero dibujar cada vez me da más pereza. Actualmente sólo dibujo en Fotogramas, y ya me cuesta encontrar hueco una vez al mes.

-¿Cuáles son tus dibujantes favoritos?

Como dibujantes, Ronald Searle y el caricaturista Al Hirschfeld. Como historietistas, Ibáñez, por derecho propio, el único y verdadero dios. Luego se sumaron Vázquez, Raf y Jan. Cuando amplié el universo Bruguera entraron Quino y Hergé. De superhéroes me quedo con Jack Kirby, el John Byrne de los 70, el Mignola de ahora y Bill Sienkiewicz cuando dibuja en vez de pintar. Will Eisner, por supuesto. Y Jack Davis y Bill Watterson. Y Gary Larson como humorista gráfico. De lo patrio actual me quedo con Monteys, Paco Alcázar y Paco Roca. Y mención especial a las caricaturas de Carbajo.

-¿Cómo te liaron para entrar en “La hora chanante”? ¿Te veías con una carrera de actor?

El cine siempre fue mi objetivo. Hice Bellas Artes porque el examen de ingreso en Arte Dramático era muy complicado, y sin embargo llevaba toda la vida dibujando. Cuando empezaron a llamarme de Paramount Comedy para hacer sketches no tuvieron que insistirme mucho.

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¿Qué se te pasó por la cabeza cuando Almodovar te llamó para participar en “Los amantes pasajeros”?

Pensé: “Oh, dios mío, otro sueño cumplido. Sólo queda Tarantino”.

-Por cierto, es una película que invita a follar y drogarse con algarabía. El rodaje tuvo que ser tremendo…

Ése es el tipo de observaciones que haría mi abuela. Me gusta tu inocencia, esa ingenua ilusión de que lo que se ve en pantalla es reflejo de lo vivido en el rodaje.

-¡Ja, ja! Ya has enseñado la pilila y el culo en pantalla grande, ¿qué te queda por hacer?

Nada. He compartido mi cuerpo desnudo con más gente de la que jamás soñé. Con eso me doy por satisfecho.

-También parece que te gusta vestirte de señora.

Hay que reconocer que una peluca no me sienta nada mal, y lo cierto es que me encuentro sorprendentemente cómodo, pero lo dices como si lo hiciera en mi casa, escondiendo mis genitales entre los muslos en plan El Silencio de los Corderos, y no en una ficción televisiva.

-¿Hay una maruja en tu interior?

Sí. Y bastante mayor. De esas que se agarran el bolso ante adolescentes con piercings y se llevan una manta al cine. Está tomando las riendas de mi vida.

-¿Eres cocinillas? Ahora que está tan de moda…

Llevo cuatro años en mi casa y aún no he encendido la vitrocerámica.

Son sonadas tus fiestas de cumpleaños. En la última algunos perdimos la noción del tiempo y amanecimos siendo otra persona como en una película de Lynch.

Gracias, Carretera Perdida siempre es un referente para mis fiestas. Me gusta que la gente se desinhiba, pierda el control y dé que hablar. Yo pongo música, barra libre y cuartos privados, y el resto que cada uno lo traiga de casa.

-¿Tienes algún cineasta favorito?

En la cúspide está Quentin. Perdóname la familiaridad, como le conocí en Venecia…

-¿También eres de los que van al psicólogo?

No. Pero no porque no lo necesite, sino porque supondría sacrificar parte de los libros, discos y películas que compro al mes.

-¿Wert o Montoro?

No puedo elegir. Con Wert, caricias y puestas de sol. Montoro me despierta un lado más cerdo.

-De mayor me gustaría ser como tú. ¿Qué no tengo que hacer?

Meterte a un gimnasio, ir a los toros o disfrutar de una película de Luc Besson.

-¿Crees en el amor puro?

Creo en la pasión unidireccional, el objeto de deseo, la humillación, la dominación, la sumisión, la frustración, el fetichismo, la obsesión desbocada y el olor corporal. ¿Eso cómo se llama?

(infraentrevista publicada originariamente en Primera Línea)

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