“Expediente Warren: The conjuring” funcionó muy bien en taquilla en 2013, con lo cual el estreno de una secuela, más ambiciosa si cabe, no se ha hecho esperar. De nuevo dirige James Wan, un habitual del género de terror especializado en lanzar rentables franquicias cinematográficas como “Saw” o “Insidious”. La nueva propuesta, como su predecesora, clausuró el pasado mes la cuarta edición de Nocturna, festival dedicado al cine fantástico celebrado en Madrid, donde causó sensación en un pase lleno hasta la bandera donde se escucharon gritos de pánico del bueno durante toda la proyección, risas nerviosas y tensión continua en el ambiente, confirmando el arte de Wan para llegar al gran público sabiendo lo que hace: explorar al máximo los lugares comunes del género y exprimir sus tics con conocimiento de causa, estudiando en todo momento dónde poner la cámara. Por supuesto, la exquisita Vera Farmiga, nominada al Oscar (“Up in the Air”), y el siempre cumplidor Patrick Wilson (“Young Adult”) encarnan de nuevo, con excelente pie, a Ed y Lorraine Warren, un matrimonio bien avenido especializado en resolver misterios sobrenaturales. Completan el reparto Frances O’Connor, de la serie de televisión “The Missing”, Madison Wolfe (“Zoo”) y los niños debutantes Lauren Esposito, Patrick McAuley y Benjamin Haigh.

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“Expediente Warren: El caso Enfield”, como la primera entrega de la saga -que va a dar para mucho-, parte también de una historia real. Los Warren, afamados investigadores de fenómenos paranormales, son nuevamente requeridos por una familia desesperada ante el horror de una presencia molesta que rompe el equilibrio de su hogar. Los Enfield, una madre soltera con cuatro hijos, viven en el norte de Londres, en una casa, aparentemente normal, en la que empiezan a suceder fenómenos extraños que pasan a ser pasto del sensacionalismo de los medios de comunicación. Los demonólogos reciben una llamada del Vaticano para que investiguen el caso sin que salga a la luz. Si es un fraude, o no, está por ver. Los Warren están confusos ante lo que ven, a ratos parece una farsa, pero si es real pueden encontrarse ante una de las mayores amenazas de su trayectoria. Esta premisa, tan poco original como efectiva, invita al espectador a sentarse en la butaca de la sala oscura y viajar en el tren de la bruja. La montaña rusa de sustos va a un rimo endiablado, a pesar de contar con más de dos horas de metraje. Un torbellino de sensaciones, con toques de humor y pausas medidas que aligeran el entretenido tormento deseado a propósito por el público desprejuiciado.

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Entre el maremágnum de producciones terroríficas que ven la luz en los últimos tiempos, aquellas que llevan el sello de Wan, sea como director o figurando en la producción ejecutiva, destacan por encima del resto, sobre todo porque están rodadas con cabeza. En “Expediente Warren: El caso Enfield” da gusto dejarse llevar por la angustiosa atmósfera y por una cuidada puesta en escena y dirección artística. A pesar del paternalista mensaje, funciona de un modo escalofriante.

(texto publicado en el suplemento GPS de El Correo)

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